Un equipo de arqueólogos británico-egipcios, liderado por el experto Piers Litherland, podría estar a punto de desentrañar uno de los grandes misterios del Antiguo Egipto: la ubicación de la segunda tumba del faraón Tutmosis II, quien gobernó hace más de 3.500 años. El enclave, oculto bajo una montaña artificial de escombros en los Valles Occidentales de la Necrópolis Tebana, cerca de Lúxor, promete albergar no solo la momia del rey, sino también un tesoro funerario intacto.
El hallazgo llega semanas después del descubrimiento sin precedentes de la primera tumba del faraón, un evento que ha sido comparado con el hallazgo de la tumba de Tutankamón en 1922. "Esta estructura, enterrada a 23 metros bajo capas de piedra caliza, barro y ceniza, fue diseñada para mimetizarse con el paisaje. El esfuerzo invertido sugiere que guarda algo monumental: la última morada de Tutmosis II", afirmó Litherland en exclusiva a *The Observer*.
La primera tumba, inicialmente atribuida a una mujer de la realeza, sorprendió al revelar una cámara funeraria con un techo celeste adornado de estrellas doradas, símbolo inequívoco de un entierro real. Los expertos creen que el cuerpo del faraón fue trasladado allí tras una inundación que dañó su sepulcro original seis años después de su muerte. Sin embargo, el destino final de sus restos seguía siendo un enigma… hasta ahora.
Tutmosis II, esposo de la legendaria faraona Hatshepsut, reinó entre 1493 y 1479 a.C. Aunque su momia fue hallada en 1881 en el escondite de Deir el-Bahari, la localización de su tumba había permanecido en la sombra. "Llevamos siglos buscándola. Este descubrimiento reescribirá su historia", destacó Mohamed Ismail Khaled, secretario general del Tribunal Supremo de Antigüedades de Egipto, quien calificó el avance como "el más relevante de la última década".
El equipo, que excava manualmente para evitar derrumbes, espera alcanzar la cámara en un mes. "Es como si la tumba nos hubiera estado esperando 35 siglos. Es un sueño que ni en mis mejores fantasías creí posible", confesó Litherland. Mientras la arena del desierto cede ante cada palada, Egipto aguarda con ansia lo que podría ser el capítulo final de un misterio milenario.



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